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Un dicho popular asegura que la mano que lleva una turquesa no conoce nunca la pobreza. Y es que secularmente ha adquirido reputación de piedra de buena suerte, a la que se le atribuyen potentes valores.
Según los egipcios, esta gema era un antídoto contra las cataratas, mientras que Aristóteles la consideró un amuleto preventivo contra las víboras, por creer el famoso filósofo griego, que la proximidad de la turquesa desactivaba el veneno.
En amplias zonas geográficas se considera un efectivo amuleto contra el mal de ojo y otras desgracias. Antiguamente la turquesa era el talismán de los marineros, a los que preservaba de tempestades y naufragios. En otras partes del globo, ha sido utilizada para prevenir caídas de los caballos desbocados, así como otros daños que pueda producir el animal. En algunos lugares, se considera a la turquesa, como guardián de la virginidad de las jóvenes, y por ello recibió el apelativo de piedra de las doncellas.
No en balde es una de las gemas fundacionales de la Ciudad Sagrada, según la Biblia, formaba parte del pectoral del primer sumo sacerdote de los judíos y fue explotado el primero de sus yacimientos, por Isaac, después de que Dios le salvase del puñal sacrificial de su padre Abraham.
Y es que, esta piedra es el amuleto más antiguo de la humanidad. Cuatro brazaletes de turquesas, engarzadas en oro, son las joyas mágicas más antiguas que se conocen.
Por regalar a la vista el color del cielo azul de primavera, esta gema fue relacionada en muy diversas culturas con la morada de los dioses. En el cristianismo, fue consagrada a San Jorge, el caballero celestial, y por esa misma razón, la tomaron como talismán los caballeros de Oriente.
Signo del Zodíaco. Fundamentalmente, se relaciona con los nacidos bajo el signo de Sagitario, aunque también con los Capricornio y Virgo.
Correspondencias planetarias y metálicas: Júpiter y cinc; Mercurio, planeta y metal; además de Venus y cobre. Ángel relacionado: Verchiel. Hora más propicia: Cinco de la mañana. Chacras afines: Primero, cuarto y séptimo, de las áreas de los genitales, del corazón y de lo alto de la cabeza. Caballo del Sol
En las antiguas culturas prehispánicas de América, la turquesa se relacionó con el fuego. Por ello, una máscara azteca cuajada de turquesas, que se conserva en el Museo Británico, representa a Xiuhtecuhtli, el dios del fuego: En algunos textos se dice que el astro diurno expulsa del cielo a la Luna y a las estrellas ?con sus armas de turquesa?. El folclore de los indios conserva todavía viejas canciones que hablan del caballo de turquesa sobre el que cabalga el Sol con una serpiente de esta gema, como arma.
El sexo de la piedra El género femenino atribuido a esta piedra es debido a que en un principio se denominaba "piedra turquesa", mientras que hoy la primera parte de la locución se sobreentiende. Se llamaba así en honor de Turquía, sin tener este país un solo yacimiento, dado que era el mayor mercado de turquesas, por encontrarse en el estratégico lugar llamado "camino de la seda?.
Anillos fecundos En la vieja Rusia era costumbre regalar un anillo con una turquesa a los recién desposados para que ningún hechizo pudiera frustrar su primer acto sexual, sobre todo la temida ligadura de la agujeta, que inhibía los deseos del varón. Después de propiciar el principal cometido de la noche nupcial, la piedra se encargaba de asegurar una sana y abundante descendencia.
Barómetro del espíritu Los que estudian las virtudes mágicas de las gemas, aseguran que la turquesa languidece cuando su poseedor sufre un desengaño amoroso o enferma, y cambia de color si su dueño llega a morir. El gabinete secreto de la historia, da cuenta de un monarca que fue advertido de su fallecimiento inminente al observar que la tonalidad de la turquesa que llevaba en el anillo iba virando de un azul cielo a un verde suave. Fuente: BJ
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