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Mientras la plata es un elemento químico que se extrae de minas y, además, de otros metales, el ámbar es producto de la fosilización de la resina vegetal que se impregna en troncos y ramas de pino, principalmente.
La plata es conocida desde hace miles de años por distintas culturas como los griegos, chinos, romanos, cartagineses, etc., y fue tan explotada y apreciada desde tiempos antiguos que se convirtió en motivo de guerras por la posesión de sus minas. El ámbar, en cambio, se produjo hace millones de años a consecuencia de cataclismos que sepultaron en mares y tierra los bosques fosilizando su resina. Una vez descubierto por el hombre, ha sido buscando sin cesar entre las capas del subsuelo y la superficie del mar a través del tiempo.
Desde épocas remotas, el hombre le ha atribuido poderes mágicos, a menudo contra hechiceros y brujas, dándole connotaciones espirituales que han hecho que hasta la fecha, solamos tener un pequeño ámbar cerca de nosotros para sentirnos, de alguna manera, más seguros y protegidos.
Culturas de antaño como griegos, romanos y egipcios, entre muchos otros, descubrieron el sentido ornamental del ámbar y comenzaron a usarlo en diversa cantidad de adornos que, así como la plata, han inspirado el arte y la creatividad del hombre de todos los tiempos. Mezclando ambos en una joyería original y artesanal, dan como resultado diseños maravillosos y reflejo de buen gusto; una consecuencia que se observa en la unión del blanco brillante y esa bella y frágil sustancia de color amarillo. Éste par, producto sólo de la naturaleza, ahora se convierte en delicados objetos que las mujeres joyeras reviven entre la luz de uno, y ese misterioso sentido mágico del otro...
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